Con gatos en casa, a veces cierto mobiliario peligra, entonces debemos de tomar precauciones para evitar disgustos, y poder convivir correctamente con nuestra mascota sin necesidad de tenerla escondida en un cuarto oscuro durante todo el día, en la más triste soledad.

Tengo dos gatos, una persa Trufa y uno Siamés, Roco, cariñosos, simpáticos y juguetones, de un año de edad, diremos que son dos gatos bien educados o mejor dicho amaestrados, si es que un gato se puede amaestrar.
Tuve el acierto de comprarme un sofá Divatto, de diseño italiano, acierto fue hacer el seguro para “accidentes” que ofrecía la Marca. Al esperar unas semanas para recibir mi adquisición, al segundo día de ocupar su nuevo lugar, me encontré a Trufa, la gata persa, disfrutando de mi nuevo sofá, tan preciado de piel blanca y pura, que casi no se había estrenado por nosotros los humanos. Al verla en semejante postura, salió corriendo y con el impulso de sus patas, arañó el sofá de piel blanca y pura, convirtiéndolo en un “sofá con firma del Diseñador Don Gato”.
Trufa se llevó reprimenda, toquecitos de castigo en la cabeza y el hocico y casi, la pérdida de su nacionalidad española, menos mal que al recapacitar, uno tiene capacidad para razonar, y recordé que el Seguro del sofá también cubría los ataques artísticos de los felinos, como es una gata de buenas costumbres, tiene prohibido subirse a los sofás y ha aprendido a no volver a hacerlo, de momento.
Las buenas ideas de los Diseñadores han hecho que no sea incompatible tener un buen sofá, con la convivencia de uno o en mi caso de dos gatos, eso evita que al poco tiempo de estar disfrutando de un sofá nuevo éste se convierta en una pieza deteriorada, lo cual es un desastre económico y provoca unas ganas impulsivas de enviar a un correccional al minino.
Por: Lomar
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