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Cómo ha evoluciona la arquitectura

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La arqueología clásica plantea saber si la arquitectura evoluciona progresivamente o por ciclos y si evoluciona automáticamente por influencias del ambiente o por los factores estilísticos creados por los diseñadores.

templo griegoweb

Según Vasari, las artes del diseño se parecían a la naturaleza, tal y como se muestra en el cuerpo humano, con la propia evolución y decadencia, estaba en una época en la que creían que habían llegado a la máxima perfección que se podía alcanzar. No pensaron en el cómo se había llegado en la antigüedad a la madurez y el futuro para ellos no tenía más significado que la decadencia venía caída del Cielo, por maldad o negligencia de los hombres.

La reacción a esta idea se produjo cuando los arquitectos fueron conscientes de ser instrumentos dentro de un proceso evolutivo. Se inició por la visión romántica de todo lo primitivo por la poesía medieval y en parte por las especulaciones sociológicas y políticas de Rousseau y Montesquieu, quienes se preguntaban si el artificio y la complicación de la vida contemporánea eran algo maravilloso y si las artes habían sido, en verdad, refinadas y mejoradas. De acuerdo con ellos, las actuales condiciones políticas, sociales y culturales no eran el resultado de un progreso gradual, sino a una decadencia que llegaba a toda la sociedad por el abandono de la vida sencilla.

Fontenelle había sugerido que, ya que las Bellas Artes son expresión expontánea del espíritu humano, su desarrollo no puede ser acumulativo y por tanto no puede haber ninguna ley de progreso como en las artes prácticas. La arquitectura no se podía juzgar de acuerdo con principios aplicables al progreso de la ciencia, sino que se debía juzgar con referencia a edificios construidos en una época ideal.
Algunos arquitectos consideraban el estilo como un sastre considera la moda en los trajes. Por no haber mucha diferencia entre un vestido y un disfraz, puede comprenderse porqué la “Society of Dilettanti”, que en 1741 vistió a su presidente con una toga escarlata y a su secretario con un disfraz de Maquiavelo, decidiera contruir una copia del templo de Pola para instalar sus oficinas.
En este período, los arquitectos más sumisos aceptaban el estilo como un vestido que el cliente quería para su edificio. Mientras se pudieran encontrar dibujantes para hacer los detalles necesarios, o hubiesen libros de los que copiar, eran diferentes la ética en la elección para sus colegas más escrupulosos. Si esta arbitrariedad era o no justificada es cuestión de opinión; la oposición a esta actitud, formulada por la mayoría de los teóricos durante los dos últimos siglos, fue lo que les llevó hasta los edificios que hoy podemos ver.

Gracias a los Ideales de la Arquitectura Moderna.



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