Has heredado un papel pintado horrible del anterior dueño, o simplemente te has cansado del tuyo y quieres pintar o cambiarlo. Quitar el papel pintado tiene fama de pesadilla, pero con el método adecuado es más cuestión de paciencia que de fuerza. La clave está en saber qué tipo de papel tienes, porque de eso depende que salga de un tirón o que toque humedecer y rascar. Te contamos cómo quitarlo bien, sin destrozar la pared y con las herramientas justas.
Primero, identifica qué papel tienes
No todos los papeles se quitan igual, y empezar sabiéndolo te ahorra mucho trabajo:
- Tejido no tejido: el más moderno y el más agradecido. Se despega prácticamente entero en seco, tirando de una esquina. Si el tuyo sale así, estás de suerte.
- Papel tradicional (con cola): el clásico. Hay que humedecerlo para reblandecer la cola y retirarlo con espátula.
- Vinílico o lavable: tiene una capa plástica impermeable que hay que rayar antes para que el agua penetre hasta la cola.
- Autoadhesivo: se retira tirando despacio en diagonal, ayudándote de calor si se resiste.
Para saber cuál tienes, prueba a levantar una esquina con una espátula: si cede una lámina entera y seca, es tejido no tejido; si se rompe en trozos pequeños y la pared queda con papel pegado, es tradicional o vinílico y toca mojar. Merece la pena dedicar dos minutos a esta prueba antes de ponerte, porque marca todo el enfoque del trabajo: con un tejido no tejido puedes tener una pared lista en media hora y casi sin agua, mientras que con un tradicional pegado a conciencia lo mismo te llevas media mañana. Saberlo de antemano también te dice si necesitas alquilar una vaporeta o si con un pulverizador de mano te apañas.
Lo que necesitas
Reúne antes de empezar: una espátula ancha (mejor de plástico o con el filo no muy cortante para no clavarla en la pared), un pulverizador o esponja, agua caliente, un poco de jabón o suavizante (ayuda a disolver la cola), un rodillo de púas o una herramienta para perforar el papel vinílico, plásticos para cubrir el suelo y los enchufes, y paños. Para superficies grandes, alquilar una vaporeta (o un decapador de vapor) es la mejor inversión: reblandece la cola en segundos y multiplica la velocidad, y en muchas ferreterías y grandes superficies se alquila por un día a un precio muy razonable, así que no hace falta comprarla para un trabajo puntual.
Cómo quitarlo paso a paso
- Protege la zona: cubre el suelo con plásticos, retira o tapa los enchufes e interruptores y corta la corriente de la habitación si vas a mojar cerca de ellos.
- Prueba en seco: levanta una esquina y tira despacio hacia abajo en diagonal. Si es tejido no tejido, saldrá casi todo así.
- Si no cede, humedece: con el pulverizador o la esponja, moja bien una zona con agua caliente y jabón y deja actuar cinco o diez minutos para que la cola se reblandezca.
- Si es vinílico, ráyalo antes: pasa el rodillo de púas para hacer pequeños agujeros por los que el agua llegue a la cola, y luego humedece.
- Retira con la espátula: desde abajo hacia arriba, con el filo casi plano para no morder el yeso. Vuelve a mojar las zonas rebeldes en vez de forzar.
- Limpia los restos de cola: pasa una esponja con agua caliente para eliminar la cola que queda, o la pared repelerá la pintura o el nuevo papel.
Una vaporeta cambia por completo la experiencia: apoyas la placa unos segundos sobre el papel, la cola se derrite y el papel se despega casi solo con la espátula. Para una habitación entera de papel tradicional, alquilar una por un día compensa de sobra frente a horas de mojar y rascar a mano.
Cómo no dañar la pared
El miedo de todos es acabar con la pared llena de calas y desconchones. Para evitarlo: no fuerces nunca en seco lo que no sale (vuelve a mojar y espera), usa la espátula casi paralela a la pared y no de punta, y ten especial cuidado con las paredes de pladur o yeso, más blandas, donde una espátula agresiva se lleva el cartón. Si aparece algún desconchón, no pasa nada: se tapa con masilla, se lija y queda listo para pintar. De hecho, aprovecha para revisar y reparar la pared antes de dar el nuevo acabado, porque una superficie lisa es la mitad de un buen resultado. Trabaja además por zonas y no a lo loco: humedece un trozo, retíralo y pasa al siguiente, en lugar de mojar toda la pared de golpe y que se seque antes de llegar. Y ten a mano un cubo para ir tirando los restos de papel húmedo, que pesan y ensucian mucho. Un espacio de trabajo ordenado hace que una tarea tediosa se lleve mucho mejor y evita resbalones con el papel mojado por el suelo.
Casos difíciles
Si te encuentras con varias capas de papel superpuestas (habitual en casas antiguas), quítalas de una en una, humedeciendo cada vez. Si el papel está pintado por encima, la pintura sella el papel y el agua no penetra: hay que rayar bien la superficie con el rodillo de púas o lijar antes de mojar. Y si alguien pegó el papel directamente sobre pladur sin imprimar, la cola se agarra al cartón y puede que salgan juntos: ahí conviene ir con muchísimo cuidado, humedeciendo poco y aceptando que quizá toque enlucir la pared después. En los casos muy pegados, la vaporeta y la paciencia son tus únicas aliadas. En estos casos extremos, a veces sale más a cuenta no obsesionarse con dejar la pared perfecta y, una vez retirado lo que salga con razón, aplicar directamente una imprimación selladora y un enlucido fino que deje la superficie lista para pintar. Antes de pelearte una tarde entera con el último papel imposible, valora si compensa más ese pequeño trabajo de albañilería, que muchas veces es más rápido y da mejor acabado.
Y después de quitarlo
Con el papel fuera y la cola limpia, deja secar bien la pared un día entero. Después, tapa agujeros e imperfecciones con masilla, lija y aplica una imprimación antes de pintar o de colocar el nuevo papel: sella el yeso, uniforma la absorción y hace que el acabado agarre y dure. Si vas a volver a empapelar, plantéate esta vez un papel autoadhesivo o de tejido no tejido, mucho más fáciles de retirar el día que te canses. Y una recomendación de sentido común: elige para quitar el papel un día en el que puedas ventilar y no tengas prisa. Es una tarea sucia y húmeda, así que mejor hacerla con la habitación vacía de muebles (o bien cubiertos), ropa que puedas manchar y tiempo por delante. Con el método correcto no tiene dificultad, pero sí requiere paciencia, y forzar por ir rápido es justo lo que acaba dañando la pared y alargando el trabajo con reparaciones que podrías haberte ahorrado.
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Preguntas frecuentes
Depende del tipo: el de tejido no tejido se despega en seco tirando de una esquina; el tradicional se humedece con agua caliente y jabón y se retira con espátula; el vinílico hay que rayarlo antes para que el agua llegue a la cola.
Levanta una esquina con una espátula: si sale una lámina entera y seca, es tejido no tejido; si se rompe en trozos y deja papel pegado, es tradicional o vinílico y habrá que mojarlo.
Solo el de tejido no tejido y el autoadhesivo, que salen en seco. El tradicional y el vinílico necesitan agua caliente (o vapor) para reblandecer la cola.
No fuerces en seco lo que no sale, vuelve a mojarlo y espera; usa la espátula casi plana, no de punta; y ten especial cuidado en paredes de pladur o yeso, más blandas.
El vapor derrite la cola en segundos, así que el papel se despega casi solo con la espátula. Para una habitación entera de papel tradicional, alquilar una compensa frente a horas de mojar a mano.
La pintura sella el papel y el agua no penetra, así que hay que rayar bien la superficie con un rodillo de púas o lijarla antes de humedecer y retirar.
Retirarlos con una esponja y agua caliente antes de que sequen. Si queda cola, la pared repele la pintura o el nuevo papel, así que es un paso que no conviene saltarse.
Déjala secar un día, tapa agujeros con masilla, lija y da una imprimación antes de pintar o volver a empapelar, para que el nuevo acabado agarre y dure.