Plantas de interior resistentes: las que no se mueren aunque las olvides

Por admin7 min de lectura

Si has enterrado ya varias macetas, tranquilo: casi nunca es culpa tuya, es que elegiste una planta demasiado exigente para la luz que tienes o para lo despistado que eres regando. La solución es fácil: empezar por plantas a prueba de todo, que aguantan poca luz, riegos irregulares y semanas de olvido sin pestañear. Estas son las más duras, con su nombre y por qué cuesta tanto matarlas, además de cuáles elegir según tu caso concreto, tengas poca luz, mascotas en casa o simplemente muy poco tiempo para dedicarles.

Las plantas de interior más resistentes

  • Potos (Epipremnum aureum): el comodín. Luz media o baja, riego cada 10-14 días y crece colgando o trepando. Casi indestructible y de crecimiento rápido.
  • Sansevieria (lengua de suegra): la más dura de la lista. Tolera rincones oscuros y le basta con agua cada 2-3 semanas. Se mata más por exceso de riego que por olvido.
  • Zamioculca (ZZ): sus rizomas almacenan agua, así que sobrevive semanas sin acordarte de ella. Hoja brillante y porte elegante.
  • Aspidistra: la «planta de hierro». Aguanta sombra, corrientes y descuido; perfecta para un pasillo sin sol.
  • Cinta o malamadre (Chlorophytum): resistente, purificadora y facilísima de reproducir a partir de sus «hijuelos». Tolera casi cualquier luz.
  • Drácena y tronco de Brasil: de porte alto para dar volumen, muy tolerantes con la luz y el riego irregular.
  • Filodendro: hojas grandes y tropicales, se conforma con luz indirecta y perdona los despistes.
  • Cactus y suculentas: para quien tiene mucha luz y poca constancia. Sol y riego escaso; en invierno, casi nada.

Por qué estas plantas son tan resistentes

No es casualidad: casi todas comparten alguna estrategia de supervivencia. Las suculentas y la sansevieria almacenan agua en sus hojas carnosas, y la zamioculca lo hace en unos rizomas bajo tierra, de modo que tiran de reservas cuando te olvidas de regar. El potos, el filodendro y la aspidistra vienen del suelo de las selvas tropicales, donde crecen a la sombra de árboles enormes, así que están hechos a vivir con poca luz. Entender esto ayuda a cuidarlas: si una planta guarda agua, su mayor enemigo es que la riegues de más; si viene de la penumbra, el sol directo le quema las hojas. En decoración las elegimos por bonitas, pero su resistencia viene de su origen. Esto explica también por qué muchas de ellas necesitan tan poco abono: en su hábitat crecen en suelos pobres, así que en casa se conforman con una pizca de fertilizante en primavera y verano. Y por la misma razón toleran el aire seco de la calefacción mejor que otras especies más delicadas, aunque casi todas agradecen que les pulverices las hojas de vez en cuando en pleno invierno.

Las mejores para poca luz o sombra

Si tu problema es la falta de luz (un baño interior, un pasillo, un salón poco luminoso), tira de sansevieria, zamioculca, aspidistra, potos y helechos. Son las que mejor aguantan la penumbra; eso sí, «poca luz» no es «ninguna luz»: ni siquiera estas viven en un cuarto totalmente oscuro. Colócalas donde llegue algo de claridad indirecta, y si la estancia no tiene ninguna ventana, ve rotándolas cada dos o tres semanas a un sitio con luz para que se recuperen, o apóyate en una lámpara de cultivo. Un truco: cuanto más oscura sea la hoja, mejor suele tolerar la sombra; las variedades muy variegadas (con mucho blanco o amarillo) piden algo más de luz para no perder el dibujo.

La mayoría de estas plantas mueren por lo mismo: exceso de agua. Antes de regar, mete un dedo dos centímetros en la tierra; si sale húmedo, espera. Con las resistentes, siempre es mejor quedarse corto que pasarse.

Resistentes y que crecen rápido

Si además de dura quieres que llene pronto y luzca, quédate con el potos (cuelga o trepa y crece a ojos vista), el filodendro y la cinta, que echa hijuelos sin parar. Para dar volumen de golpe en un rincón, la drácena o el tronco de Brasil ganan altura rápido. La monstera, aunque pide algo más de atención, también es agradecida si tiene luz indirecta y espacio. Estas plantas, además, son las más fáciles de reproducir por esquejes: de una sola puedes sacar varias macetas gratis en unos meses. En el caso del potos y el filodendro, basta con cortar un trozo de tallo justo debajo de un nudo y ponerlo en un vaso de agua hasta que eche raíces, para luego pasarlo a tierra. La cinta produce pequeñas plántulas colgantes que solo tienes que enterrar en otra maceta. Es la forma más barata de llenar la casa de verde y, de paso, de tener regalos siempre a mano para quien admire tus plantas.

¿Y si tengo mascotas?

Ojo aquí, porque algunas de las más duras son tóxicas si un perro o un gato las mordisquea (potos, sansevieria, filodendro y zamioculca lo son). Si tienes mascotas curiosas, tira de opciones resistentes y seguras como la cinta (malamadre), la areca, la calathea o la maranta, o coloca las tóxicas en alto, fuera de su alcance (colgadas o sobre un mueble alto). La intoxicación rara vez es grave —suele quedarse en babeo y malestar digestivo— pero es una molestia que se evita fácil eligiendo bien o poniéndolas donde no lleguen. Si tu gato es de los que mordisquean todo, una cinta o una hierba gatera en un rincón accesible suele desviar su atención de las demás plantas.

Cuidados mínimos (para que ni estas se te mueran)

Aunque perdonan mucho, agradecen lo básico: riega solo cuando la tierra esté seca, dales luz clara pero sin sol directo (que quema las hojas de casi todas), limpia el polvo de las hojas con un paño húmedo de vez en cuando para que «respiren», y abónalas un poco solo en primavera y verano, que es cuando crecen. Un trasplante a una maceta algo mayor cada dos o tres años, cuando las raíces asomen por los agujeros, las mantiene con fuerza. Y vigila el drenaje: que la maceta tenga agujeros y no dejes agua estancada en el plato, porque el encharcamiento pudre las raíces incluso de las más resistentes. Aprende a leer dos señales sencillas. Si las hojas amarillean y la tierra está siempre húmeda, casi seguro es exceso de agua, así que deja secar bien antes del próximo riego. Si las puntas se ponen marrones y crujientes, suele ser aire demasiado seco o falta de riego. Reconocer esas dos pistas te evita la mayoría de los sustos. Con eso, son plantas para toda la vida.

Errores que acaban hasta con las plantas fáciles

Aunque son duras, hay tres fallos que las tumban: regar por rutina (un día fijo a la semana) en lugar de mirar si la tierra está seca, que provoca el temido exceso de agua; ponerlas donde no hay nada de luz y esperar que aguanten eternamente; y dejar el plato con agua «por si acaso», que es la vía directa a que se pudran las raíces. Si evitas estos tres, tienes prácticamente garantizado que sobrevivan, aunque las descuides el resto del tiempo.

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Preguntas frecuentes

Potos, sansevieria (lengua de suegra), zamioculca (ZZ), aspidistra, cinta, drácena, filodendro y los cactus y suculentas. Aguantan poca luz o riego irregular y perdonan los descuidos.

La sansevieria, la zamioculca, la aspidistra y el potos son las que mejor toleran la penumbra. Aun así, necesitan algo de claridad indirecta: ninguna vive en oscuridad total.

Las suculentas y los cactus, la zamioculca (almacena agua en los rizomas) y la sansevieria. Se riegan cada dos o tres semanas, o menos en invierno.

Sí: la cinta (malamadre), la areca, la calathea y la maranta son duras y no tóxicas. Cuidado con potos, sansevieria, filodendro y zamioculca, que sí son tóxicas si las mordisquean.

Casi siempre por exceso de riego, que pudre la raíz, o por falta de luz. Comprueba que la tierra esté seca un par de centímetros antes de volver a regar.

Depende de la especie: el potos cada 10-14 días, la sansevieria y la zamioculca cada 2-3 semanas, y las suculentas aún menos. En invierno, espacia aún más los riegos.

El potos, que cuelga o trepa y llena en poco tiempo, y para dar volumen, la drácena o el tronco de Brasil. La monstera también es agradecida si tiene luz indirecta.

No, esa es su gracia: se conforman con luz clara indirecta e incluso con penumbra. Lo que casi ninguna tolera es el sol directo, que les quema las hojas.

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Equipo editorial de Cosas de Decoración.